¡Lituania! ¡Patria mía! eres como la salud: cuánto hay que apreciarte, solo lo descubre quien te ha perdido. Hoy tu belleza en todo su esplendor veo y describo, porque te añoro.
¡Virgen santa, que proteges la clara Częstochowa y brillas en la Puerta de la Aurora! Tú, que el castillo de Nowogródek guardas con su fiel pueblo. Así como a mí, niño, me devolviste a la salud por milagro (cuando de mi madre llorosa, bajo tu amparo ofrecido, alcé el párpado muerto; y enseguida pude, a pie, al umbral de tus templos ir a agradecer a Dios la vida devuelta), así también a nosotros nos devolverás por milagro al seno de la Patria. Mientras tanto, traslada mi alma anhelante a aquellas colinas boscosas, a aquellas praderas verdes, extendidas ampliamente sobre el azul Niemen; a aquellos campos pintados de diversos cereales, dorados por el trigo, plateados por el centeno; donde el ámbar del mostazo, el alforfón blanco como la nieve, donde el trébol arde con rubor de doncella, y todo ceñido como por una cinta, por la linde verde, donde aquí y allá silenciosos perales se alzan.
Entre tales campos, antaño, a orillas de un arroyo, sobre una pequeña colina, en un bosque de abedules, se alzaba una casa solariega, de madera, aunque con cimientos; resplandecían desde lejos sus paredes encaladas, tanto más blancas cuanto reflejadas por el verde oscuro de los álamos que la protegen de los vientos de otoño. La casa no era grande, pero estaba bien cuidada por todas partes, y tenía un gran granero y junto a él tres parvas de cosecha que bajo techo no cabían. Se veía que la comarca era rica en grano, y se veía por el número de gavillas, que a lo largo y ancho de los surcos brillaban densas como estrellas; se veía por el número de arados que labraban temprano los enormes barbechos, de negra tierra fértil, sin duda pertenecientes a la hacienda, bien cultivados a la manera de bancales de jardín: que en aquella casa habitaban la abundancia y el orden. La puerta, siempre abierta, anuncia a los transeúntes que es hospitalaria y a todos invita a entrar.