Yo empezaría ya por la llegada al aeropuerto matritense. Nada de ser transportados al hotel en cómodo bus de luxe, los jugadores alemanes deben ser transportados al hotel, por parejas, en sendos taxis madrileños con la COPE a toda hostia y taxista de camisa mugrienta a punto de reventar mientras echa la ceniza del Ducados por ventanilla.
Después de esto, traumático ya de por sí, en el hotel debe ser cambiada su dieta a traición por unas cuantas raciones de callos y abundante casquería culminadas con un opíparo cocido de esos que no se los salta un obispo follaniños. A la llegada al campo, en el hilo musical del vestuario del Borussia debe sonar a toda hostia el Viva España de Manolo Escobar (Entre Flores, Fandanguillos y alegrias, nació en España la tierra del amor ,Solo dios pudiera hacer tanta belleza, y es imposible que puedan haber dos), sincopado con toques de tambor de Manolo el del Bombo. Una visita al vestuario germánico (antes del inicio del partido o al descanso) de un par de guardias civiles de tricornio en ristre y con palillo en la comisura del bigote también ayudaría.
Ya en el campo, los teutones deben apreciar ese ambiente ej-pa-ñol tan especial. Los canticos intelectuales (De las glorias deportivas que campean por España va el Madrid con su bandera limpia y blanca que no empaña) y las vaharadas de regüeldos de morcilla procedentes de los bocatas de la grada deben de hacerles comprender que Europa queda muy lejos y que están solos, muy solos.
Mientras el tufo de los puros mesetarios de los grandes prebostes de la casta empresaria madrileña ahoga en el palco del Bernabeu a los civilizados directivos alemanes que luchan por cada metro cúbico de oxigeno como si les fuera la vida en ello, abajo en el campo, la conjunción de eruditos hispánicos estilo Sergio Gramos e ilustrados gitanos portugueses tipo Penaldo debe de confluir en un mix brutal que haga que la fuerza de la tribu celtibérica se imponga a esos once repelentes educaditos europeos. La caspa ibérica es más poderosa que cualquier silogismo de mierda alemán. Viriato se pasa por la piedra a Nietzsche y Millán Astray se caga en Kant y Schopenhauer juntos.
Todo ese ambiente católico-rancio, esa pestuza a naftalina imperial y chorizo de cantimpalo juntos así como la digestión de los garbanzos ingeridos, ha de llevar a los cerebros de los alemanes a reacciones similares a las de los hombrecillos verdes de Mars Attacks. Y entonces así, la victoria será un hecho.