TEMA 10: TRASTORNOS DE ANSIEDAD
La ansiedad puede definirse como una respuesta adaptativa del organismo que se acompaña de otras respuestas fisiológicas, vivenciales, comportamentales y cognitivas. Es un estado de activación y alerta ante una señal de peligro. La señal de amenaza puede ser física o psicológica. Esto es bueno hasta un cierto nivel.
La ansiedad también va acompañada de sentimientos que no son gratos, son incómodos. Neurológicamente se produce una activación de los mecanismos de control en el sistema reticular activador ascendent (SRAA), en el tronco cerebral, lo que se puede ver con técnicas de neuroimagen. Desde allí, parten órdenes a muchos puntos. Todas las sustancias aditivas, como las drogas de diseño, van al SRAA.
También se acompaña de un conjunto de cambios fisiológicos periféricos, cambios vegetativos, del Sistema Nervioso Autónomo o vago (simpático), porque del SNC nace la inervación a todas las vísceras y órganos. También se altera el sistema endocrino. Es decir, ese estar en alerta tiene un precio.
La ansiedad como respuesta normal – La ansiedad es un fenómeno psíquico universal que todos los seres vivos experimentan. Cuando hay una situación de incertidumbre, hay cierto desasosiego, intranquilidad, disestar, malestar. El organismo responde a ello con palpitaciones, nudo en la garganta, sudoración, malestar de estómago...entre otras muchas.
Es como si dentro de nuestro cuerpo se disparase una señal. Por tanto, la ansiedad es una experiencia normal y adaptativa preparando nuestro organismo a lo que puede llegar, algo en potencia amenazador, con riesgo, en lo que si fracasamos nos va mucho en ello.
La ansiedad patológica – Es cuando la ansiedad deja de ser adaptativa porque merma el rendimiento, cuando el peligro al que se pretende responder no es real y su nivel de activación y duración es desproporcionado. Se puede decir entonces que es un problema, que es patológica, cuando nos merma en vez de enriquecernos. Pero cada uno tiene un nivel o umbral de ansiedad cualitativa y cuantitativamente, es un rasgo de la personalidad. Uno sabe cuándo controla la ansiedad y cuándo no.
Ansiedad normal Ansiedad patológica
-Función adaptativa -Dificulta la adaptación
-Mejora el rendimiento -Deteriora el rendimiento
-Más leve -Más profunda y persistente
-Menos corporal -Más corporal (ej. huele el sudor)
-Emoción reactiva -Sentimiento vital
-No afecta a la libertad -Reduce la libertad
Es, pues, más servera la patológica en persistencia, duración. Puede aparecer en ausencia de una amenaza (ej. el delirio de hostilidad universal).
Se manifiesta por una serie de síntomas psíquicos y físicos que afectan a planos más profundos de la persona, uno está “cogido” por la ansiedad. Conlleva deterioro, merma el rendimiento, quita libertad a la hora de actuar.
Dentro de la ansiedad patológica es clásica la distinción ansiedad endógena y ansiedad exógena (la exógena no se puede convertir en endógena), que desde el punto de vista médico se caracterizan:
Ansiedad endógena Ansiedad exógena
-Sufren crisis de angustia (inmotivadas) -No hay crisis de angustia inmotivadas
-Curso independiente del ambiente y el -Curso relacionado con entorno y carácter
carácter
-Buscan asistencia médica -Generalmente no busca asistencia médica,
sino psicológica
-Historia familiar de crisis de pánico -Sin historia familiar de crisis de pánico
-Responden a provocación de crisis con -No responden al lactato (no crisis)
lactato
-Alta frecuencia de prolapso de la válvula -Baja frecuencia de prolapso de válvula
Mitral mitral
-Predominio en la mujer * -Similar en ambos sexos
-Mejoran con fármacos (necesario el -Mejoran con psicoterapia
suministro de moléculas)
(*) La mujer enferma más normalmente de lo psicopatológico
La ansiedad como rasgo de personalidad – Se refiere a una característica, un rasgo de ansiedad en la personalidad de esa persona. Es entonces de carácter permanente y, por tanto, no se cura.
Se manifiesta porque la persona tiene una tendencia habitual a estar nervioso (no está nervioso, “es” nervioso) y a preocuparse.
Ansiedad y angustia – Son dos términos entre los que resulta difícil establecer diferenciaciones, pero que realmente representan distintas manifestaciones de algo común. Esto se ha puesto de manifiesto con dos patrones de respuesta institintiva en el mundo animal (también en el ser humano): reacción de sobresalto y reacción de sobrecogimiento.
En el sobresalto el animal respnde con tempestad de movimientos (motores y psíquicos), entra en agitación.
En el sobrecogimiento, el animal ante una situación de peligro se inmoviliza, se queda quieto.
En la ansiedad hay más sobresalto que sobrecogimiento. El sujeto ansioso se mueve, está inquieto, y sus vivencias son más bien en el plano psíquico. En la angustia, en cambio, predomina el sobrecogimiento, la pasividad, la inmovilidad mientras dura la crisis, y la sensación va más bien pr la esfera física.
En la práctica clínica, ansiedad/angustia se utilizan como sinónimos porque en las lenguas anglosajonas no hay dos vocablos diferentes (anxiety/angs). Pero en español sí existen esos dos términos, incluso en castellano se reserva el término trastorno de pánico para aquellos caracterizados por la presencia de crisis.
Ansiedad y miedo – En lenguaje coloquial son términos que suelen confundirse porque son muy próximos y provocan reacciones en el organismo también similares (sudores, taquicardia, temblores, tensión muscular, sequedad de boca...). La vivencia de miedo no la sabemos distinguir muy bien de la vivencia de ansiedad. El criterio diferenciador viene dado por la posibilidad de identificar o no un peligro concreto o un objeto determinado como causa de la amenaza. Si lo identificamos es miedo, si es más global es ansiedad, es algo más indeterminado, más vago. Con el miedo no se tiene ansiedad, se está nervioso.
Ansiedad y estrés – Aunque se suelen utilizar indistintamente, no son lo mismo. Ya hemos dicho que la ansiedad es un sistema de adaptación del organismo vivo, nos prepara para responder a algo, a estímulos externos. Si el sistema que somos es incapaz de realizar esa función es que está en estrés.
Decimos en términos comparativos, q de todos los trastornos psicopatológicos, los de ansiedad son el 9%, las toxicomanías el 6%, los trastornos afectivos un 5,8%, esquizofrenias el 1% y los trastornos de la personalidad el 0,8%.
Solo una pequeñísima parte de los sujetos q sufren ansiedad acude al terapeuta, x lo tanto el mayor problema con el q nos encontramos es el diagnóstico.
El hecho de no asumir esa ansiedad se paga caro, es decir, las consecuencias serían trastornos obsesivo-compulsivos, estrés postraumático, trastornos somatoformes, bipolares…
Se ha de buscar la etiología (origen) del trastorno x si mismo.
La ansiedad se instaura en los sh muy precozmente. Es algo crónico q produce efectos nocivos durante toda la vida, x lo tanto es algo inherente a nosotros.
Ciertos pacientes, como los agorafóbicos o los q padecen trastornos de angustia, presentan una mayor tasa de mortalidad, x lo tanto hay 1 íntima relación entre trastorno médico y trastorno x ansiedad.
Se admite q el trabajo, la familia y el estrés ambiental moldean la salud global del individuo. En los 3 casos la tasa de ansiedad es primordial.
La mayor parte de las conductas de evitación son motivadas x la ansiedad.
Los trastornos de ansiedad son 2 veces + frecuentes en mujeres (7,9%) q en hombres (4,7%). La mujer es + sensible xq es + compleja, sin embargo los hombres presentan índices significativamente mayores de toxicomanías y trastornos de la personalidad, q no son sino formas distintas de enfrentarse a los problemas.
Los separados, divorciados, las personas pertenecientes a estratos socioeconómicos bajos, las mujeres y las personas entre 25-45 años, padecen ansiedad con mayor frecuencia.
El primer paso cuando nos encontramos ante 1 paciente con 1 trastorno de ansiedad, es diferenciar el temor normal de la ansiedad patológica, lo cual es casi imposible.
En condiciones normales, la ansiedad aparece cuando el sujeto percibe algo como amenazante, x lo tanto nos sirve xa inducirnos 1 estado de alerta.
Pese a ello, la mayoría de los trastornos de ansiedad se queda sin diagnosticar o detectar en atención primaria. Las razones son:
- Falta de especificidad de los síntomas, que pueden corresponder con enfermedades somáticas (cansancio, irritabilidad, sudoración, palpitaciones).
- Enmascaramiento de la ansiedad, que se presenta como quejas somáticas o somatizaciones del SNA. La somatización es la presentación de síntomas somáticos que carecen de base orgánica reconocible, que el sujeto atribuye a enfermedades físicas y busca ayuda médica de forma repetida, hasta que acepta ir al psiquiatra.
La tendencia a somatizar depende de la edad, el sexo y el medio social. No siempre es indicio de trastornos psiquiátricos. Así, el anciano dice que le duele todo y la mujer es más fuerte ante el dolor.
- Muchos pacientes acuden al médico de familia y refieren ansiedad somatizada y, si se les comenta que han de ir al psiquiatra, son reacios a ello e incluso se muestran irascibles. Hay aspectos culturales, grupales, de criterio de normalidad que influye en ello. Así, los varones suelen mostrar resistencia a que realmente se trata de problemas psiquiátricos, mientras que las mujeres son más flexibles.
- Se considera normal (concepto de norma) estar ansioso, lo que dificulta el diagnóstico.
- Se considera un problema menor, incluso entre los profesionales sanitarios, lo que hace que permanezcan sin detectar muchos trastornos de ansiedad. Pero considerar menor la ansiedad puede acarrear serios problemas, por lo que los médicos de atención primaria deberían tener herramientas para detectar la ansiedad.
La ansiedad va unida siempre a la depresión. Debajo de la ansiedad, subyacente a ella, puede haber episodios depresivos, y en estos casos el enfermo se procura la muerte. Por ello, primero hay que tratar la depresión porque la ansiedad es secundaria (tratamientos conjuntos de ansiolíticos y antidepresivos).
Hay un modelo que dice que ansiedad y depresión son trastornos separados, aunque hay una serie de pacientes o un momento en que los síntomas de una y otra se interfieren.
Otros modelos hablan de un solo trastorno que, según el momento, cursa con un aumento progresivo de los síntomas de la depresión, a costa de que disminuyan los de la ansiedad, y a la inversa.
Hay muchas enfermedades que producen depresión y ansiedad:
-cardiovasculares (angina de pecho, infarto, arritmia, hipertensión…)
-dietéticas: abuso de cafeína, glucosa.
-gástricas
-hematológicas
-metabólicas
-neurológicas
-respiratorias: asma (anoxia) y los fármacos que lo producen.
-enfermedades inmunes: cáncer, sida.
-fármacos: hormonas tiroides, antiparkinsonianos, broncodilatadores, antiinflamatorios, estimulantes, retirada de fármacos de acción sedante
También estarían la nicotina, la cafeína, las anfetaminas, el alcohol, la cocaína o la abstinencia a opiáceos.
La ansiedad y la depresión acompañan a todas ellas. Y el problema no es la ansiedad, sino su origen, la depresión que produce ansiedad (suicidio).
Ansiedad en la infancia – La presencia de ansiedad y el miedo se consideran normales en la infancia. En distintos períodos evolutivos es “normal” tener ansiedad, pues los niños experimentan ansiedad ante situaciones que para ellos suponen riesgo. El fenómeno de la angustia tiene, pues, una función defensiva: miedo-gritar-llorar-conservación de la vida – Es, pues, adaptativo.
El niño puede experimentar angustia porque le falta la comida (cree que se va a morir si no se le da de comer). Hacia el octavo mes de vida aparece lo que Spitz llama “la reacción de angustia frente al extraño”, en especial ante la ausencia de la figura materna, que empieza ya a ser reconocida, por lo que cuando falta le da miedo y angustia.
Entre los 2-4 años es normal la “angustia de separación” (colegio), la mayor exigencia a la que se enfrentan allí es que no esté la madre. El niño, cuando no está la figura materna, siente ansiedad y la palía con la figura sustitutiva, por lo que se soluciona se recibe muestras de apoyo y comprensión. De lo contrario, se da el trastorno por ansiedad de separación, que, según la Psicología Dinámica, supone un factor de riesgo para el desarrollo de otros trastornos de ansiedad al ser adulto.
Con los antecedentes de Spitz, Klein postula la teoría del pánico, que considera éste como una alteración de los mecanismos biológicos innatos que subyacen a la ansiedad por separación. Lo basa en la evidencia de que el 50 por ciento de pacientes con crisis de pánico y agorafobia tenía antecedentes de ansiedad de separación en la infancia y de que los episodios críticos van precedidos a veces de pérdidas de objetos. Estos datos sustentan clínicamente esta teoría y llevaron a formularla bajo la sospecha de que estos pacientes quizá tienen alguna sensibilidad especial ante la ansiedad de separación. En una revisión reciente, Ayuso concluye que la ansiedad de separación implica un mayor riesgo de comorbilidad en el trastorno de pánico y la depresión, así como de desarrollar psicopatología en la vida adulta. Silove, en otra revisión, advierte de que, si bien la evidencia apoya la hipótesis de la ansiedad de separación y el pánico, la especificidad de la relación es controvertida y precisa de investigaciones ulteriores.
Entre los 4-6 años el niño teme a la oscuridad, la soledad, criaturas imaginarias, a la reprobación del entorno y las reacciones emocionales negativas de personas cercanas (verse rechazado, no querido…). Si esto no se resuelve adecuadamente, los psicoanalistas dicen que corre el riesgo de sufrir trastornos rituales obsesivos-compulsivos.
Entre los 10-12 años, los miedos son más parecidos a los de la edad adulta (catástrofes, enfermedades, animales, altura…), y también al bajo rendimiento y no adaptación escolar, la pérdida de afecto (bullying), a lo que se une la pérdida de atención de los familiares.
La adolescencia es particularmente propicia a la ansiedad porque el individuo está en un proceso de cambio total y él mismo no se reconoce en muchos aspectos. Tiene que adaptarse a esos continuamente, día a día.
En la mayoría de los casos, esta ansiedad es pasajera y normal y no reviste componentes patológicos, pero hay que saberlo, seguirlo, vigilarlo en cierta forma por si el miedo adquiere una fuerza desproporcionada, ya que en ese caso el niño puede tener conductas evitativas fóbicas.
Ansiedad en el anciano – Es muy elevada, como en el niño por diversas causas:
-sufre padecimientos
-puede ser continuación de ansiedades de cuando no era anciano (ansiedad croni-
ficada).
-factores psicosociales, circunstancias desfavorables (enfermedades con dolores, limitaciones funcionales, fallecimiento de seres queridos – la muerte de seres
queridos significa que ellos pueden ser los siguientes). El origen radical de la an-
siedad es la certeza de la muerte propia. Sólo el ser humano sabe que va a morir.
-jubilación (condiciones económicas poco favorable).
- dependencia de los hijos. En las culturas occidentales al anciano no
se le trata como en las orientales, él se ve abocado a la soledad y al aislamiento,
lo sabe, y lo ve, es consciente de ello. – perdida de rol social y familiar de la su-
ma de jubilación y familia.
Si a todo ello le unimos la soledad tenemos a un anciano abandonado en sus ansiedades, con difícil diagnóstico y sin buen tratamiento.
TEORÍAS ETIOPATOGÉNICAS DE LA ANSIEDAD
La principal teoría es que la ansiedad, la mayoría de las veces, es un síntoma de la depresión (por ello, primero hay que descartar que no es depresión), una depresión agitada, con mucha ansiedad, o inhibidora (parece que no hay ansiedad). La ansiedad es condición necesaria, pero no suficiente para la depresión.
Partiendo de la idea de que la ansiedad es un fenómeno psíquico complejo (puede aparecer como reacción adaptativa o por crisis existencials o reacciones vivenciales), ésta no puede ser explicada por un mecanismo etiopatogénico sencillo.
Factores que predisponen a la ansiedad
1.- GENÉTICOS – Hay estudios genéticos fiables que apoyan la existencia de un componente hereditario y familiar en la ansiedad. Los datos que evidencian esto se dan en distintos trastornos:
- Los datos más claros vienen del trastorno por angustia. La patología del trastorno por angustia oscila entre 20-30 por ciento de familiares de primer grado de un sujeto con trastornos por angustia, es decir, lo van a padecer en ese porcentaje, frente al 2-4 por ciento de los grupos controles. Este riesgo aumenta si los dos progenitores padecen trastorno de angustia. Así, el factor genético influye en una tercera parte en términos generales. En estudios de concordancia con gemelos uni y bivitelinos, si son monocigóticos la posibilidad es del 40-60 por ciento, mientras en los heterocigóticos la proporción desciende al 20 por ciento.
- Agorafobia, se ha observado un mayor riesgo entre familiares que en sujetos de grupo control, lo que sugiere la existencia de una base genética común.
- En el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se ha encontrado una alta concordancia entre gemelos monocigóticos y una mayor incidencia de rasgos obsesivos entre familiares de primer grado.
- En trastornos de ansiedad generalizado no se han encontrado datos que apoyen la base genética.
2.- ANSIEDAD DE SEPARACIÓN – En algunos niños se caracteriza por un excesivo temor a separarse de los padres, particularmente de la madre. Se acompaña de preocupación constante y exagerada correspondiente a la ausencia física con expectativas catastróficas (si mamá no ha vuelto, es que ha muerto) y con negativas de conducta y se acompaña de no querer acostarse solo o no ir al colegio. Diversos estudios han verificado que el trastorno por crisis de angustia en los padres, sean depresivos o no, se asocia significativamente a crisis de angustia y agorafobia en los hijos, mientras que el riesgo de ansiedad por separación en éstos se asocia tanto a crisis de angustia como a depresión en los padres.
No es algo privativo del ser humano, sino que lo tienen todos los seres vivos: si apartamos determinadas especies de animales jóvenes, desde primates a cobayas, de sus congéneres se observa una especie de actitud depresiva, que incluye llamadas desgarradoras de auxilio a la madre (aullidos) y otras manifestaciones de deestructuración de la conducta.
En humanos se ha comprobado que los adultos que padecen estos trastornos han tenido más incidencia de ansiedad de separación en la infancia (ahora la TV canguro, somos los segundos de Europa en tiempo de exposición a la TV de los niños).
3.- PERSONALIDAD: La ansiedad puede ser un rasgo de personalidad, esa persona es así, no es que esté ansiosa. Se ha troquelado el término “trastorno ansioso de la personalidad”, que se tiene desde la infancia o la adolescencia, pero sin diagnosticar, y permanece en la edad adulta cronificado porque la personalidad lleva consigo ese trastorno.
Son comportamientos, conductas o rasgos de carácter. Es un trastorno generalizado y cronificado, permanente, que conlleva malestar al sujeto y a los de su entorno. Hay personas que no tienen el trastorno completamente, pero sí más de un rasgo ansioso. Si se dan, cuantos más haya peor será el pronóstico. Estos rasgos pueden no presentarse juntos, sino retardadamente, pero ya estaban ahí, y se manifiestan en determinadas circunstancias de la vida (por ej. la vejez por ser una época de especial desvalimiento). No es la causa, porque ya estaba, sino el desencadenante de mayores patologías. La sintomatología no tiene por qué manifestarse siempre.
La CIE-10 dice que se da cuando sus manifestaciones se dan en la infancia o en la adolescencia, persisten en la edad adulta y conllevan una alteración del comportamiento de carácter duradero generalizado, un malestar general y un deterioro más o menos significativo en el rendimiento profesional y social.
Independientemente tenemos que hablar de factores psicológicos: hay muchos enfoques que han intentado explicar la génesis de la ansiedad. Predominan los de tipo psicoanalítico (desarrollo de la libido). La obra de Freud es una de las aportaciones más importantes de la historia a la Psicopatología. Así, formula el término neurosis, que ahora ha desaparecido de las principales clasificaciones. Descubre el inconsciente y da especial relieve a la afectividad y la ansiedad y sus relaciones. Gracias a Freud, sabemos que el mundo de los afectos influye en la ansiedad (son teorías dinámicas porque influyen). En los primeros escritos considera la angustia como manifestación de la libido y luego la considerará también como causa, no sólo consecuencia, de la represión del instinto.
Los conductistas se basan en el principio de que todas las conductas (normales o patológicas) son aprendidas y en un momento se las asocia algo favorable/desfavorable. La connotación a una conducta de refuerzo o castigo se mantiene (Pavlov). Una experiencia repetida puede producirnos la misma respuesta que se produjo en origen. Para ellos, la ansiedad es el resultado de un proceso condicionado: el sujeto con ansiedad ha aprendido a asociar estímulos en un principio neutros con acontecimientos vividos como traumatizantes (amenazantes) y cada vez que nos acercamos a ese estímulo se desencadena en nosotros algo que percibimos como amenazante y nos genera angustia. El Conductismo puede explicar satisfactoriamente fenómenos de fobias y consigue eliminarlas, pero surgen otras fobias, porque el sujeto tiene propensión a la ansiedad.
La teoría cognitiva es un enfoque complementario al anterior (teorías cognitivas-conductuales). El problema básico de la ansiedad está en la atribución del significado que cada sujeto hace de una determinada percepción. Por ejemplo, uno tiene palpitaciones, la mayoría de la gente no da significado alguno a ello, pero algunos sujetos interpretan esa sensación como una señal de peligro, de alarma, para su salud física (hipocondría). Es decir, desde el punto de vista cognitivo el sujeto interpreta la percepción.
Acontecimientos estresantes y ansiedad - Como en otros muchos trastornos psicopatológicos, en el inicio de un trastorno de ansiedad es posible identificar a veces un acontecimiento estresante que actúa como desencadenante, no causal. Una vez puesta de manifiesto el trastorno de ansiedad sigue su curso “autónomo”, aunque desaparezca el estrés desencadenante. Por ello, se sufren recaídas cuando se acercan al estímulo estresante (ansiedad anticipatorio). Muchos factores estresantes significativos (ej. trastornos adaptativos) tienen en su cuadro clínico síntomas de ansiedad, pero no ocurre igual en todos los sujetos con el mismo estrés. Hay que aceptar que tenemos vulnerabilidad personan biológica o psicológica a la ansiedad.
(también habría factores sociales y culturales a la ansiedad).
Factores biológicos (procede de experimentos, amplia base experimental). En los pacientes ansiosos hay cambios fisiológicos: más pulsaciones, aumento del flujo sanguíneo, distinta conductancia de la piel…Se observa una disregularización del SNA, no funciona correctamente y esto significa que también lo hace el SNC, se produce un funcionamiento anómalo del sistema de neurotransmisiones y el neuroendocrino – base biológica de los trastornos de ansiedad.
Según quienes apoyan los factores biológicos, hay que dar algo molecular que ordene los neurotransmisores. Hay determinados estímulos bioquímicos que producen trastornos de ansiedad.
La fisiopatología ha avanzado mucho en cuanto a trastornos de ansiedad, gracias a la investigación psicofarmacológica, en especial de los ansiolíticos (benzodiazepinas). La búsqueda de sustancias específicas que frene la patología nos ha hecho comprende muy bien los mecanismos neuroquímicos de la ansiedad. Los hallazgos más importantes son por el descubrimiento del complejo receptor GABA-benzodiazepinas en las células (receptores de membrana). También es posible conocer el mecanismo neuroquímico por el conocimiento de los neurotransmisores, sobre todos los noradrinérgicos y los serotinérgicos.