Así, por un lado, podrán actuar como pequeñas partículas, tal y como si fuesen pequeñas bolitas o corpúsculos, con una posición y propiedades muy definidas. Pero, al mismo tiempo, podrían comportarse como ondas, tal y como si fuesen ondulaciones en el agua, extendiéndose y difundiéndose por el espacio sin una ubicación precisa.
Se trata de una característica de la materia que se ha hecho visible en ciertos experimentos como, por el ejemplo, los de la doble rendija. El artífice de ellos fue el físico británico Thomas Young, quien, en 1801, lo utilizó para explicar ciertas propiedades de la luz. Sin embargo, en 1961, con mayores conocimientos y un planteamiento más moderno, se utilizó para demostrar la naturaleza dual de la propia luz y de otras partículas de la naturaleza. En él, se dirigieron haces de electrones hacia dos rendijas, observando que, a pesar de ser partículas corpusculares, estos se comportaban como ondas cuando pasaban por las rendijas, produciendo un patrón de interferencia parecido al de las ondas en el agua.